quarta-feira, 23 de setembro de 2009

Honduras - 3 mortes nas costas do Sr da Silva

TEGUCIGALPA - A polícia de Honduras informou nesta quarta-feira, 23, que um homem que ficou ferido nos distúrbios de terça-feira à noite em Tegucigalpa morreu num hospital da capital. O porta-voz Orlin Cerrato disse aos jornalistas que hoje foi confirmada a morte de um homem não identificado.As causas do óbito ainda estão sendo investigadas. Até agora três pessoas morreram nos distúrbios.

Mais cedo, o governo de facto de Honduras suspendeu por algumas horas o toque de recolher instaurado no país depois do retorno do presidente deposto, Manuel Zelaya, para que a população possa se abastecer de alimentos e outros produtos básicos. Enquanto isso, centenas de soldados e policiais antidistúrbios mantiveram o cerco à embaixada do Brasil em Tegucigalpa, onde o presidente deposto de Honduras, Manuel Zelaya, sua família e um grupo de 40 partidários estão alojados desde segunda-feira.

As autoridades do governo de facto hondurenho prenderam e desalojaram 113 partidários de Zelaya por participar na noite de "atos de vandalismo" em pelo menos 50 pontos da capital. Segundo a Secretaria de Segurança, um posto policial foi incendiado e houve saques a supermercados, negócios, restaurantes e bancos. Uma pessoa foi ferida à bala, afirmou o delegado Orlin Cerrato.

Os quatro aeroportos internacionais continuam fechados, pelo terceiro dia consecutivo. Centenas de efetivos de segurança, alguns mascarados e outros portando armas automáticas, cercaram uma área ao redor do prédio da embaixada do Brasil onde Zelaya se refugiou com a família e um grupo de 40 partidários.

O presidente de facto fez questão de ressaltar que o toque de recolher só foi suspenso temporariamente porque as condições de segurança no país assim permitiram. "Mas não serão permitidas reuniões de mais de 20 pessoas. A polícia e os militares estarão nas ruas para manter a ordem", disse Micheletti ao canal 10, da rede de televisão local.


Estadão


Zelaya afirmou ao canal de TV venezuelano Telesul que o governo golpista planeja invadir a embaixada brasileira nesta noite. No entanto, ele disse que o plano não foi executado devido à intermediação da comunidade internacional. "Atacariam a embaixada (do Brasil) e declarariam um suicídio de minha parte, mas esclareço que José Manuel Zelaya não está se suicidando", afirmou o líder deposto de Honduras, em entrevista por telefone à rede de televisão argentina TN.
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Hoje pela manhã Lula pediu uma força de paz da ONU para pacificar Honduras. Depois desta declaração do Zelaya, deveria pedir apenas uma camisa de força para o seu querido hóspede. Vocês não acham que Lula deveria conceder asilo para o Zelaya e botá-lo a morar na Granja do Torto? Aí todos os dias ele poderia acordar pertinho do amigo, ver aquele bigodão, aquele chapelão...Ei, Lula, leva o Zelaya para você.




A foto não poderia ser mais reveladora. Uma partidária de Zelaya, usando orgulhosamente uma camisa do Brasil, saqueia um supermercado em Tegucigalpa. Uma justa homenagem ao Brasil que protege Manuel Zelaya como hóspede dentro da sua embaixada, de onde incentiva seus seguidores a roubar, assaltar e confrontar o estado de direito. É Lula avalizando o caos e contribuindo de forma decisiva para acender o estopim de uma guerra civil em Honduras.
Tegucigalpa,

Honduras

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Un joven carga un respaldar de una cama seguido por varios amigos con los que bromea; una señora llena una caja de víveres en medio de escombros de un supermercado.

La gente se detiene frente a una cadena de tiendas mexicana de electrodomésticos y comenta en serio y en broma los sucesos de la noche del martes en Honduras.

"Mire compa –dice un vecino- aquí el que no se llevó algo fue por dormido, porque todo mundo lleva su cosita". Una señora, de unos setenta años y con ropa de dormir, no deja de hablar y con lujo de detalles narra la violencia y el saqueo de tiendas y supermercados: "eso jamás se había visto, que cosa más horrible, los hondureños no hemos sido así".

La zona de El Pedregal, al suroeste de la capital, parece más bien una zona de guerra. Los simpatizantes del presidente depuesto Manuel Zelaya Rosales no permitieron la noche del martes el ingreso de la fuerza policial y ellos y otros que aprovecharon las circunstacias saquearon un banco mexicano –Banco Azteca-, una tienda de electrodomésticos mexicana – Elektra- un supermercado de capital guatemalteco –La Despensa Familiar- un centro de venta de telefonía celular de capital irlandés –la empresa Digicel.

Los amos y señores de este sector de la capital fueron los simpatizantes del depuesto presidente Zelaya, quienes incluso desarmaron a unos guardias de seguridad y luego procedieron a abrir por la fuerza estos negocios.

Unos lo llaman vandalismo, saqueo, pero la llamada “Residencia del Golpe de Estado", una organización que aglutina a las fuerzas que apoyan a Zelaya, le llama de otro nombre.

Efectivamente, la llamada resistencia ha sacado un comunicado para justificar esta acción y ha señalado que se trata de “autoabastecimiento de la población ante la carestía de alimentos”.

El problema es que el vandalismo no solo arrasó con la comida de los supermercados sino que asaltó la caja de la agencia bancaria y se llevó unos 500 mil lempiras en efectivo (unos 26 mil dólares), pero también se llevaron refrigeradoras, televisores plasma, computadoras, lavadoras, secadoras, que obviamente no son alimentos.

"Mire compa, aquí todo mundo se llevó algo", dice un hombre que temprano acudió a la zona de guerra, vestido en camiseta blanca, pantalón corto y en sandalias.

El país ha vivido en las últimas 48 horas un toque de queda, impuesto por el gobierno de Roberto Micheletti, tras el internamiento de forma clandestina del depuesto mandatario Manuel Zelaya Rosales, quien se encuentra refugiado en la embajada de Brasil.

Desde la terraza del edificio, Zelaya ha arengado a sus seguidores proclamando: patria, restitución o muerte.

Y no es exagerar decir que el ambiente en la zona de El Pedregal es de un ambiente de postguerra: un camión dado vuelta, motocicletas destruidas, piedras regadas en las calles, papeles que tapizan las calles, barricadas por aquí, barricadas por allá. Un tenue humo que sale de los contenedores de basura pinta la zona como un paisaje lúgubre, triste.

Una madre camina con sus dos hijos tomados de la mano y ella mira de reojo el saqueo al supermercado, un enfermo alcohólico haciendo zig-zag como eludiendo cada piedra en su camino, pero como que anduviera en otra órbita, unos jóvenes que van saliendo del interior del supermercado con cara de asustados cuando ven a los periodistas.

De pronto a los carros de los periodistas, se suma el de una patrulla de la policía. Se bajan unos agentes, protegidos con chalecos antibalas y sus fusiles. Miran su alrededor, impotentes y logra exclamar: "Si nosotros hubiéramos entrado anoche, a estas alturas estaríamos todos de luto".

Los vecinos cuentan que solo fue hasta en horas de la madrugada que la policía entró a la zona, cuando ya no había qué rescatar ni salvar nada.


El Heraldo.hn

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